Daniel Cipriani: Recuerdos del fútbol, el club y la familia

“Le gusta jugar al fútbol. Antes lo hacía en representación del club y ahora patea un rato con los nietos”.
Así responde María cuando se le pregunta sobre el pasado deportista de su esposo, Daniel Cipriani.
Las estadísticas dicen que este delantero comenzó su carrera en 1.971, que ese año convirtió dos goles en la Reserva del Centro Social Valenciano de San Román y que tres temporadas después ya jugaba en la Primera División.
“¿Quién no jugaba en el club en esa época? Todos pasamos por la cancha”, cuenta Cipriani. Pero se sabe que lo dice “de puro humilde”, porque en seis años, convirtió 38 goles y esos récords no los ostenta cualquiera.
“Las previas eran interesantes y los comentarios por lo que había pasado y por lo que venía no terminaban nunca. El domingo jugábamos y las charlas sobre ese partido duraban hasta el miércoles y ese día ya comenzaban los pálpitos para el siguiente fin de semana”, relata Daniel.
Y si de antesalas se trata, los entrenamientos son un punto fuerte en el armado de cualquier equipo. “Los nuestros eran un picado, en los que hasta el director técnico jugaba. Pero compartíamos tantos partidos que nos conocíamos mucho y no había estrategia”.



¿Y los ánimos? “Siempre queríamos ganar, no sé si hacíamos las cosas bien, pero nos teníamos una fe impresionante y eso nos motivaba en la cancha”, recuerda Cipriani, cuyo año más fructífero fue 1.973, cuando anotó en trece oportunidades, aunque aún estaba en Reserva.
Mientras que Daniel rememora aquellos tiempos en los que rompía las redes del arco contrario, María detalla los aspectos hogareños.
“Los domingos había que almorzar rápido para llegar temprano a la cancha. En esa época no había nada para hacer que no sea el fútbol y las mujeres íbamos a alentar a los novios o maridos. Era un encuentro con los vecinos y casi una excusa para charlar y distraernos”.
Todo equipo que se precie de serlo tiene hinchada y San Román no era la excepción. “Las más gritonas eran las mujeres, aunque todos nos apoyaban cada vez que salíamos a la cancha. Recuerdo una vez que tuvimos problemas en Oriente”, explica Cipriani.
Los memoriosos relatan que el Centro Social Valenciano jugaba con Quequén y el árbitro echó a tres jugadores. El malhumor se hizo presente. Los ánimos se caldearon y hubo alguien que le rayó el auto al presidente del club local.


Daniel lo rememora y ríe: “La hinchada tenía lo suyo y a veces éramos bravos”.
Otro aspecto infaltable en las delicias de un equipo de fútbol es “la casa propia”.
“Cuando la cancha estaba detrás del club, se jugaban amistosos. Pero después llegó a la oportunidad del traslado y de poseer el espacio que establecían las reglas”.
Párrafo aparte para el campeonato obtenido en 1.977. Ese año, San Román ganó ocho partidos, empató cinco y sólo perdió uno. “Fue muy emocionante y hoy todavía me genera alegría el recuerdo de esa final frente a Aparicio”, menciona Cipriani, que convirtió seis de los 41 goles del equipo en esa temporada.
La crónica elaborada para “El Valencianito” por Mauro Denegri menciona que “el primer gol de ese partido lo convirtió Oscar Jure en el primer minuto y que Daniel Cipriani amplió el marcador a los 34 minutos”.
“La gloria es el renombre que habremos conquistado con nuestros actos”, dice Juan Luis Vives. Así fue lo que ocurrió en 1.977 y la familia Cipriani lo sabe.